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OPINION

¿Corrupción en blanco y negro o en colores?


Es mejor sinónimo de corrupción la trampa, que el delito

imagesLos enemigos de Colombia son los violentos y los corruptos. Como sociedad nos tardamos cuarenta años para entender y asimilar que ni la desigualdad ni la inseguridad justificaban tener organizaciones armadas al margen de la ley porque la guerrilla genera más pobreza, desigualdad e injusticia social; y el paramilitarismo produce más extorsiones, secuestros, e inseguridad. Esos remedios son mucho peores que la enfermedad.

Ahora, corresponde avanzar en confrontar a los corruptos dando un salto cualitativo en la comprensión de esa detestable organización. Asimilar que la corrupción debemos asociarla, en sus efectos, no sólo con el hurto sino también con el homicidio puede ser una cuota inicial de motivación para redoblar el esfuerzo racional.

La corrupción nos mata. Nos quita vidas humanas cuando una persona muere en la puerta de un hospital sin acceder a atención, ni a medicamentos; cuando una mala construcción se cae sobre sus habitantes; cuando un alud aplasta a personas que viven en zonas de alto riesgo. La corrupción nos quita vida también como sociedad porque fractura la confianza, espanta tanto la inversión nacional como la extranjera, aumenta los costos de transacción, encarece todo, deteriora la calidad de todo y con ello nos quita competitividad, nos rapa empleos, empobrece a la mayoría y enriquece injustamente a pocos, se refugia en la impunidad y puede asesinar hasta la legitimidad de la democracia.

Cualquier proyecto colectivo o de sociedad si está capturado por la corrupción, amenaza ruina porque los cimientos son corroídos por la desconfianza.

Por eso es muy importante que, entre todos, luchemos contra la corrupción mediante una indignación inteligente que puede soportarse en la rabia que nos produce, pero sin que nos enceguezca para tener la capacidad de ver y conocer bien al enemigo de tal manera que así lo combatamos de manera más efectiva. Una indignación inteligente que nos permita ver en colores la complejidad, y no apenas en blanco y negro la superficie.

images (1)Tanto los corruptos como los violentos para obtener sus logros se han aprovechado de aproximaciones simplistas por parte de quienes los combaten porque ese enfoque propicia soluciones epidérmicas e insostenibles y, por tanto, insuficientes. Para la muestra un botón. Recordemos el último debate político en la disputa por la Presidencia de la República de 2010 antes de la primera de la vuelta. Cada aspirante proponía una pócima incompleta. Uno, el aumento de penas. Otro, una reforma política. Aquel, una reforma judicial. Ella, la participación del sector privado en las tareas públicas. El de más allá, un abordaje educativo. Los de más acá, la carrera administrativa, el buen gobierno, participación ciudadana y pedagogía. En fin, todos los programas tenían un denominador común: propuestas parciales, de una o pocas aristas, no integrales.

De esa manera se puede afirmar que los tramposos ven película y les interesa que los demás sólo veamos fotos. Las organizaciones criminales no tienen las restricciones propias del reparto de competencias. Planean y ejecutan de manera integral, mientras que el Estado, por ser democrático y de derecho, con una frecuencia más allá de la deseable, acomete semejante desafío de manera parcial y descoordinada.

Ver en blanco y negro la corrupción nos hace caer en el muy común error de creer que el problema es mono factorial y no multi factorial. Ver en blanco y negro la corrupción nos hace caer en el error de creer que es un asunto de causas y no de condiciones. Cuando aquí no se trata de verificar hechos físicos objetivos sino de estudiar y modificar comportamientos en los que interviene la voluntad humana individual y social.

Ver fotos y no película no solo no nos deja diseñar política pública sino que nos desanima porque ante la sofisticación y la tozudez de los corruptos que aplican el dicho “hecha la ley hecha la trampa”, no le oponemos una lógica que nos dote de inteligencia, perseverancia y justificado optimismo democrático como sería la de “hecha la trampa hecha la ley”.

Es por ello por lo que no tenemos que escoger una sola herramienta. Debemos acudir a todas las que tenemos y crear más. Ver la corrupción en colores nos permite identificar los distintos elementos y además las relaciones entre ellos con lo cual desciframos al monstruo que debemos combatir. Los problemas complejos no se resuelven con soluciones simplistas.

images (2)Para evitar equívocos es necesario hacer explícita una definición del problema que se quiere resolver. La noción que presento no está restringida al ámbito jurídico, ni mucho menos sólo a los delitos contra la administración pública. El significado de corrupción que propongo es el que la entiende como el aprovechamiento de la confianza depositada para utilizarla en un beneficio que privilegia un interés en desmedro del que le fue encomendado a un particular o a un servidor público. Esta definición asume la corrupción como sinónimo de trampa, más que de delito.

La corrupción hace presencia en todas las latitudes y Estados, en diverso grado. Sin embargo, el caso colombiano tiene particularidades que lo hacen más grave y más gravoso. La existencia de organizaciones armadas al margen de la ley, terroristas que por varias décadas avanzaron y que se asociaron con el narcotráfico dieron lugar a un influjo de plomo y plata muy poderoso en los asuntos privados y públicos.

En Colombia más que Estado capturado lo que se presentó fueron porciones de captura de la democracia porque en lugar de que fueran los ciudadanos quienes designaran libremente a sus representantes, lo hicieron por ellos políticos que corrompieron a terroristas narcotraficantes. Algunos políticos que ni denunciaron, ni confrontaron a los terroristas se asociaron con ellos para acceder al poder.

De esta manera se conformó un círculo vicioso de narcotráfico, lavado de activos, financiación de campañas políticas, corrupción y economía terrorista. Por ello se puede afirmar que el caso colombiano de corrupción comporta características especiales. Sin embargo, la ciudadanía y el Estado colombianos han desarrollado instituciones para combatir dichas características.

Por ejemplo la ley 1474 llamada, para efectos periodísticos, Estatuto Anticorrupción. En realidad, es una herramienta que no agota la materia en aspectos jurídicos. Desde luego, tampoco comporta una política pública integral.

La ley anticorrupción no es una panacea que lo resuelva todo mágicamente pero tampoco es un placebo ineficaz.

Un enfoque integral de la corrupción debería atender por los menos nueve factores agrupados en tres ejes.

Un eje atinente al tipo de régimen que regula el comportamiento humano y social que comprenda los factores: jurídico; cultural y político; y ético y moral.

Un segundo eje que aluda al momento en que se aborda el fenómeno de la corrupción. Es decir, la prevención, la detección, y la persecución y castigo.

Un tercer eje que comprenda los actores protagonistas en la guerra anticorrupción. El Estado, el sector privado y la ciudadanía.

Por ello las leyes anticorrupción deben ser acompañadas de otras herramientas y acciones para contar con una verdadera política anticorrupción. Por ejemplo las que aseguren el acceso a información completa, oportuna, inteligible y gratuita. La información es la materia prima para construir probidad. Enseriar la rendición de cuentas. El impulso a la participación ciudadana en la planeación, gestión y control de la actividad pública, en especial, la contractual. La disminución de la deuda de justicia que el sistema penal acusatorio y el Fiscal tiene en relación con los hechos de corrupción que siguen en la impunidad. El combate a la inhibición del control político y el respaldo a los proyectos de norma y a los candidatos preferidos del gobierno elegidos en las corporaciones de elección popular a cambio de puestos y contratos.

Llevar a la vida práctica el ejercicio del derecho fundamental a controlar a los políticos mediante instrumentos administrativos y jurídicos como los que impulsé y se han adoptado en algunos Municipios, Concejos, Gobernaciones y Asambleas para que cada vez más colombianos observemos, analicemos, controlemos y construyamos la democracia en tiempo real, como en un reality. La participación ciudadana en la formación de normas de carácter general. Para que lo público sea cosa nuestra y no “cosa nostra”.

Eso fue lo que conquistamos en 1991 con la revolución de la “Séptima Papeleta”. Una República participativa y con autonomía para sus entidades territoriales donde la soberanía está en los ciudadanos y no en los representantes.

Como las Farc no son una organización anticorrupción no hagamos malabares para ligar ni para hacer depender la acción ciudadana contra la trampa de la voluntad de los violentos.

Como la corrupción nos mata, indignémonos inteligentemente, propongamos sin dilaciones y denunciemos sin indulgencias ni temeridades.

Edición N° 00424 – Semana del 7 al 13 de Noviembre – 2014

Acerca de Ciro A. García I. (maestro ciro)

DOCENTE ESPECIALISTA EN PEDAGOGÍA. LARGA EXPERIENCIA DOCENTE Y ADMINISTRATIVA. CONVENCIDO QUE LA EDUCACION APORTA AL DESARROLLO HUMANO PARA ROMPER LAS BARRERAS DE LA INEQUIDAD Y LA EXCLUSION

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