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“LA SEMILLA ES EL ÚTERO DE LA NATURALEZA Y COMO TODO ÚTERO, PARE VIDA”.


image004La cosmovisión de las culturas indígenas relaciona al ser humano directamente con su entorno y quienes lo habitan. El centro del mundo no es el hombre, es la naturaleza y por lo tanto “lo que le pase a ella, terminará pasándonos a nosotros”, dice Ati Quigua, miembro del pueblo Tayrona de la Sierra Nevada de Santa Marta.

Colombia, uno de los países más biodiversos del mundo hoy se ve amenazado por la mala alimentación y los productos que a largo plazo representan un riesgo para quienes los consumen. “El 70% de las semillas de Colombia ya son transgénicas, es decir semillas modificadas genéticamente. Países como Francia le han dicho no a estos alimentos, porque después de dárselos durante dos años a las ratas, estos animales se han llenado de tumores (?) En primer lugar le han dicho no por considerarlo riesgoso para la salud humana. En Dinamarca, Perú y Ecuador, hasta tanto no se demuestre que no hay ningún riesgo para la salud humana y para la biodiversidad, prefirieron no admitirlos”, señaló.

Pero los indígenas no son los únicos que sufren su tierra, en agosto de 2013 el país se paralizó a causa de un paro agrario y una de las cosas que le pedían los campesinos al gobierno, era no certificar las semillas. A partir de la resolución 970 de 2010, que establece los requisitos para la producción, uso y control de semillas en el país, se comenzaron a importar productos de marcas especificas que dejaban a un lado las locales.

Ati Quigua cuenta que “empezaron a llegar a Colombia, las semillas de unas transnacionales como Monsanto, que viene liberando en nuestro territorio el maíz randall rey. Son desiertos verdes, monocultivos de semillas terminator, que si se siembran una vez no se vuelven a reproducir y hay que volver a comprarlas a la misma empresa, pues además están pensadas en función de alcanzar la rentabilidad de esos agronegocios exportadores transgénicos, de esos agrotóxicos”.

Y añadió que “solo nos queda un 30% de semillas nativas, no contaminadas, que están en territorios indígenas”.

Para ella, la relación fundacional más importante de los pueblos que habitaron América, es con la tierra y la mujer, por lo que alterar géneticamente ese principio de todo que es la semilla, resulta un crimen que afectará a todos los actores interrelacionados: el hombre, las plantas, los animales, y todos los elementos de la naturaleza, pues “somos lo que comemos”.

“Debemos reflexionar si vale la pena meter en la Orinoquía Soja transgénica. Hay una multinacional canadiense que ha comprado unas 30 mil hectáreas de tierra para meter este producto, así que la pregunta es: cuál es el costo de producir alimento para las vacas de Europa y de Estados Unidos a costa del agua, el suelo y la biodiversidad del país. Por eso estamos proponiendo como prioridad y urgencia generar reservas comunitarias de semillas nativas en todas las escuelas y colegios y universidades, que la gente en las ciudades vuelva de nuevo a sembrar en sus materas, como un asunto de defensa de soberanía nacional”, explicó Ati Quigua.

En el país hay semillas propias como la Quinua, que es un seudocereal que puede sustituir como fuente de proteína la carne. Además, “tenemos 1.500 variedades de hongos comestibles, pero se comen champiñones importados. Somos el segundo país más rico en frutas y compramos en los mercados las transgénicas que llegan de Chile (?) actualmente está en el país la colección más grande de frijoles en el mundo, en el centro de investigación de agricultura tropical hay 36 mil especies de frijol”.

Y continuó, “Colombia está utilizando por hectárea, cuatro veces más agrotóxico que toda América del Sur, según una investigación hecha por la Universidad Nacional (?) Además el país consume 5.4 millones de metros cúbicos diarios de agua (informe del estado del agua en Colombia), de los cuales el 62% se está utilizando para actividades agroindustriales, qué quiere decir esto que todos estos productos contaminados no solamente matan el suelo si no que también terminan llegando a los ríos y al resto de la naturaleza”

Según esta mujer del pueblo Tayrona, por ejemplo en Bogotá 9 de cada 10 habitantes tienen mercurio en el cuerpo, debido a los alimentos que no solo están adobados por otros productos contaminados, si no también por residuos industriales que terminan en los ríos.

“Para sacar un gramo de oro, se tiene que remover aproximadamente una tonelada de tierra, se tienen que usar diez mil litros de agua y además contaminarlos con cianuro, con mercurio, que termina afectando la comunidad de los peces”.

Y es que para aquellos que respetan la madre tierra y que le dan verdadera importancia, lo que está pasando en el país es de cuidado y necesita una pronta intervención.

Ati Quigua habla de algunos ejemplos que resaltan la interconexión del mundo y lo que lo habita. “En Saldaña, un municipio arrocero, recorrí los monocultivos de arroz y la realidad es que cada vez que le echan un químico que se llama ‘Piolín’ y las aves se acercan a comer, caen fulminadas; yo no me imagino lo que ese arroz puede hacer con nuestro cuerpo (?) Recopilando las historias en el Caribe, un campesino me narra lo que sucedió cuando liberaron el algodón BT transgénico. Las avionetas pasaban regando y comenzaron a aparecer los animales muertos.”.

Otra de las realidades de esta problemática es que “por cada semilla que se extingue, desaparecen 30 especies animales, según un estudio compartido en el encuentro mundial de custodios, Bionatur. Por ejemplo cuando fui al Valle del Cocora, me di cuenta que tumbaron absolutamente todo lo que rodea la palma de cera, el árbol nacional, así que el lorito orejiamarillo que se encargaba de pelar la semilla de la palma, ya no está allí, porque sus alimentos desaparecieron. Antes, cuando estaba el lorito, la palma se demoraba en germinar un año, ahora tarda cinco y cuando germina las vacas se la comen. Es un cementerio de palmas y esto sucede porque hay que reconocer las interconexiones”.

La importancia de que todos se concienticen de que cada acción tiene su consecuencia y que tarde o temprano a todos nos afecta. “Debemos luchar contra la homogenización del mercado, defender los suelos vivos, el agua limpia, las semillas nativas y eso requiere de un cambio cultural, de un cambio en el consumo (?) no criminalizar la tenencia de la semilla en las manos del agricultor”.

Y añadió, “consumir consciente, no solo alimentar el cuerpo, si no la conciencia, las emociones, si comes unos alimentos que han maltratado el suelo, el agua, la semilla, los animales, tu no puedes esperar que esos alimentos te nutran, tarde o temprano todo ese daño que le haces a la tierra, al agua, termina haciéndote daño a ti. Los alimentos son fuente de vida, no una mercancía, es la energía de los elementos que alimentan el ser, nosotros queremos la paz con la tierra, queremos suelos vivos, agua limpia, semillas libres, que no las patenten”.

Al final, Ati Quigua quiere dejar algo claro: “nosotros no necesitamos parecernos a otra nación, nosotros tenemos origen. La Sierra Nevada y la Amazonía hacen un llamado a hacer la paz con la naturaleza”, porque “si vivimos en un paraíso tropical, deberíamos comer como dioses”.

FUENTE: msn.co

Acerca de Ciro A. García I. (maestro ciro)

DOCENTE ESPECIALISTA EN PEDAGOGÍA. LARGA EXPERIENCIA DOCENTE Y ADMINISTRATIVA. CONVENCIDO QUE LA EDUCACION APORTA AL DESARROLLO HUMANO PARA ROMPER LAS BARRERAS DE LA INEQUIDAD Y LA EXCLUSION

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