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OPINION

EL TRABAJO DE NIÑOS Y ADOLESCENTES


La infancia es el período de la vida en que los niños y las niñas  experimentan los cambios madurativos más acelerados y los procesos de interacción social más significativos.

Referirse a la niñez no es hacer referencia a ese grupo etario que conforma una franja poblacional significativa, sino a los actores que ocupan un gran espacio en el escenario social que incide y afecta los espacios culturales  en este momento histórico.  La emergencia de la niñez es una  manifestación de las nuevas formas de organización social, política y económica propias del final del siglo XX y comienzos del XXI que demanda nuevas reflexiones desde la sociedad, la cultura y la educación. En este contexto, la infancia es asumida desde políticas sociales donde los niños y niñas son portadores de derechos y como sujetos activos inmersos en procesos educativos.

Si bien el concepto de infancia no es algo previo, dado y universal, el término acoge diversas  interpretaciones,

“La infancia es socioculturalmente variable, lo que equivale a decir que no existe una naturaleza infantil en el sentido de un sustrato biológicamente fijo y determinante de formaciones socioculturales. Se dan en verdad ciertas invariantes en la niñez, pero el aspecto específico que ella toma en una sociedad dada está condicionada por las características propias de esa sociedad”[1]. 

María Victoria Alzate Piedrahita[2] explica que la concepción de infancia y la imagen de niño, se construyen con cada sociedad y se relacionan con los principios de organización social de cada momento histórico. Así en los siglos XII y XIII, caracterizados por paradigmas organizativos de corte religioso-militar originaron el “niño de las cruzadas.”  El “niño escolar” surge como producto de la organización con centro en lo educativo y científico del siglo XVII y XVIII.  Bajo la organización industrial, sus principios dan paso al “niño trabajador” y al “niño  aprendiz” del siglo XIX.  El “hijo de familia,” que permanece en el hogar y que en todas sus actividades obra bajo la tutela paterna, es el resultado de  principios de organización familiar.  Concluye la autora que

“Las variaciones que han sufrido en el espacio y en el tiempo son una prueba de su carácter sociohistórico. Las transformaciones que han afectado a la percepción de la infancia moderna están íntimamente ligadas a los cambios en los modos de socialización”.

La relación adulto-infancia esta signada por el contraste abandono-afecto, así que  en muchos momentos se estaba lejos de la “paideia” griega,  porque en el fondo, es innegable que la representación colectiva de infancia es un producto de las formas de cooperación o pugna entre grupos sociales, de relaciones de fuerza, de estrategias de dominio.

Como también es innegable que la infancia está orientada por intereses sociopolíticos, que bajo una aparente uniformidad incluye diferentes figuras encubiertas, situación que ha permitido concebir proyectos educativos elaborados en función de grupos de edad y de prestigio, que hace viables códigos científicos, discursos pedagógicos, la medicina infantil o la psicología evolutiva. Todos estos saberes son inseparables de las instituciones, de las organizaciones y de los reglamentos elaborados en torno a la categoría de infancia que a su vez se ve instituida y remodelada por ellos

En Colombia el estudio histórico de las concepciones y representaciones de la infancia se encuentra en las obras pioneras de Yolima Muñoz y Ximena Pachón[3],  ellas muestran una descripción de cómo se entendía la infancia en Santa Fe de Bogotá a comienzos del siglo XX, donde la trinidad maestros, padres y curas son los pilares de la educación, encargados de  perfeccionar y encauza por el camino racional y cristiano a los “maleables, imperfectos, irreflexivos y frágiles”  niños.

Afirman las autoras que los textos estaban plagados de metáforas, unas religiosas donde el niño  es ángel, o demonio, hijo de Dios o hijo del diablo, lleno de pasiones o lleno de virtudes, otras militares como soldado raso o combatiente, otras campesinas donde un niño es  una planta que se debe regar, una tierra que se debe arar y metáforas científicas que consideran al niño como seres biológicos, entes psicológicos, seres sociales. Afortunadamente, a comienzos del siglo XX, se inicia la confrontación a esas metáforas y a las instituciones que las sostenían, para iniciar la consolidación  de nuevas instituciones con una visión  sanitaria, laboral y psicológica. Entonces

“lo demoníaco y lo divino fue reemplazado por una referencia directa a las cualidades del niño que había que estimular y a un reconocimiento de la vida emocional del bebé. Los conceptos de pecado y maldad innata se cambiaron por una referencia a los problemas del comportamiento y a las dificultades en el desarrollo de la personalidad, debidas a la intervención inadecuada del ambiente… La inteligencia ya no era un bien dado sino algo susceptible de desarrollarse. La imaginación no era mal hábito, sino una cualidad que había que ampliar y darle campo libre. Las fantasías y los sueños de los niños no eran algo que debía combatirse, sino formas útiles de comprensión del mundo. La curiosidad no debía evitarse, era una cualidad deseable y fomentable. La explotación del mundo y de sí mismo era algo que había que ayudarles a desarrollar. El juego no era tiempo perdido, sino una actividad que debía utilizarse permanentemente en la educación y en la formación de hábitos»[4]

A medida que pasan los años, un buen número de los antiguos esquemas con los cuales los adultos han representado la infancia se van desmoronando. Algunos autores[5] han puesto especial énfasis en resaltar que los mayores cambios en las representaciones sobre el mundo en que vivimos se generan con las herramientas tecnológicas culturalmente dominantes en cada período histórico. Igual que la imprenta o el telégrafo conllevaron, hace siglos, enormes cambios en nuestra cultura, incluyendo cambios sobre la imagen de la infancia y lo que se esperaba de niños y niñas, hoy asistimos a nuevos cambios, lentos e incluso imperceptibles, pero profundos, debido a la televisión y demás medios de comunicación audiovisual, en los que ya participa la informática; hemos entrado de lleno en lo que se viene denominando la cultura icónica.

Así Neil Postman considera que la infancia tal como la entendíamos tradicionalmente, está desapareciendo. La nueva infancia es mucho más competente que la anterior en muchos ámbitos, especialmente ante algunas nuevas tecnologías, hasta el punto que sus habilidades ante las mismas superan a menudos a las de sus padres. Las representaciones adultas sobre la infancia deberán cambiar necesariamente para integrar todas estas nuevas evidencias[6].

Pese a la visión optimista de Postman, las condiciones de pobreza económica, social y cultural de los hogares  son los impedimentos más fuertes que obstaculizan el desarrollo integral de las personas y en consecuencia su desarrollo humano. Sus causas y consecuencias han sido objeto de estudio e interés desde  distintos puntos de vista.

Uno de los elementos que influye negativamente en el desarrollo de los niños, las niñas y los adolescentes, es el trabajo infantil en tanto que no permite el pleno y libre ejercicio de sus derechos fundamentales como la educación, la salud, la seguridad, entre otros.

Tomando como fuente el Boletín de prensa de marzo 4 de 2011, emitido conjuntamente por el DANE, el MINISTERIO DE LA PROTECCIÓN SOCIAL y el ICBF se presentan las siguientes cifras sobre el trabajo infantil.

 Población infantil En Colombia la población entre 5 y 17 años es de 11.443.497, de los cuales 5.944.295 (51,9%) son  hombres y 5.499.202 (48,1%) son mujeres. De esta cifra global, la población urbana corresponde a 8.255.702 (72,1%)  y la rural, 3.187.795 (27,9%). Dentro de los rangos de edad, la mayor concentración de niños, niñas y adolescentes se encontraba entre los 5 y 9 años (37,4%), y la menor concentración se situaba de los 10 a 11 años (15,6%).

Inasistencia escolar. En el trimestre octubre-diciembre de 2009, la tasa de no asistencia escolar fue 11,7%. De los niños, niñas y adolescentes que no asistían a la educación formal, en el periodo analizado, se observó que en su mayoría eran hombres (12,4%). Por grupos de edad, los adolescentes entre 15 y 17 años presentaron la mayor tasa de inasistencia escolar (25,9%); la menor incidencia de la no asistencia escolar se dio en el grupo de población entre 10 y 11 años (3,2%).

Actividades de los menores. Los niños, niñas y adolescentes pueden combinar el desempeño de distintas actividades a la vez, especialmente en torno a las actividades escolares y los oficios del hogar, o dedicarse en forma exclusiva a una de ellas. Por lo tanto un niño, niña o adolescente puede figurar en una o en varias actividades simultáneamente.

En el trimestre octubre – diciembre de 2009, 60,3% de los niños, niñas y adolescentes dedicó parte de su tiempo a realizar oficios del hogar, 32,8% se dedicaba únicamente a estudiar, 9,2% trabajó y 1,6% buscó trabajo.

Tasas de trabajo. Para el total nacional, en el trimestre de octubre – diciembre de 2009, la tasa de trabajo infantil fue 9,2% equivalente a 1.050.147 niños, niñas y adolescentes de 5 a 17 años que trabajaban.

En lo urbano, la tasa de trabajo infantil fue 6,6% en 2009, presentando un incremento de 1,2 puntos porcentuales con respecto a 2007. En lo rural, la tasa de trabajo infantil fue 15,9%, superior en 5,0 puntos porcentuales a la registrada en 2007.

Según el sexo de los niños, niñas y adolescentes, se evidencian tasas de trabajo infantil más altas en los hombres que en las mujeres. En 2009 la tasa de trabajo infantil registrada en los hombres fue 12,1%, mientras que en las mujeres fue 6,0%.

Analizando la tasa de participación laboral por grupos de edad, la más alta se registró en los adolescentes entre 15 a 17 años (21,8% en 2009), seguida por la del grupo poblacional entre 12 y 14 años (10,6%). La participación de los niños, niñas y adolescentes entre 10 y 11 años y entre 5 y 9 años fue 5,5% y 2,0%, respectivamente. El grupo poblacional que tuvo el mayor incremento de la tasa de trabajo infantil entre 2007 y 2009 fue el de niños y niñas entre 10 y 11 años (4,2 puntos porcentuales en el periodo).

CARACTERÍSTICAS DEL TRABAJO INFANTIL

 Las razones por cuales trabajan los niños y adolescentes, dan cuenta de las respuestas dadas por los padres con respecto a los motivos y/o razones principales que inducen a los menores trabajadores a realizar actividades económicas

En 2009, la principal razón por la que trabajaron los niños, niñas y adolescentes fue porque

  • “debe de participar en la actividad económica de la familia” con 36,1%,
  • “le gusta trabajar para tener su propio dinero”, tiene el 30,3%.
  • debe colaborara con los gastos en el hogar representó el 12,5%,
  • “el trabajo lo forma y lo hace honrado” tuvo una participación de 9,1%.
  • el “trabajo lo ayuda a alejarse de los vicios” el 2,8%
  • “debe costearse el estudio”, el 2,4% de los niños, niñas y adolescentes.

Niños y adolescentes trabajadores protegidos por el régimen de seguridad social en salud. De los niños, niñas y adolescentes de 5 a 17 años que trabajaron, 15,5% de los hombres y 12,8% de las mujeres no tenían seguridad social en salud en el sector urbano. En el resto, el porcentaje de niños, niñas y adolescentes trabajadores que no tienen seguridad social en salud fue 16,7%.

Los niveles de remuneración. “La retribución que reciben los niños, niñas y adolescentes de 5 a 17 años trabajadores es uno de los aspectos que determina las condiciones en las que se encuentran. De manera adicional, la remuneración es el determinante de muchas de las decisiones relacionadas con la inserción en el mercado laboral, que permite a los hogares tener una mayor cantidad de recursos disponibles” expresa el citado Boletín.

En 2009, 51,1% de los niños, niñas y adolescentes de 5 a 17 años que trabajaron no tenían remuneración o ganancia. Entre 2001 y 2007 se tuvo un incremento de la participación de los niños, niñas y adolescentes trabajadores que recibían algún tipo de remuneración, pasando de 58,4% en 2001 a 62,4% en 2007; sin embargo, entre 2007 y 2009 la participación con remuneración o ganancia presentó una reducción de 13,5 puntos porcentuales registrando una participación de 48,9%. En cuanto a los niños, niñas y adolescentes que recibían remuneración, en 2009 se observó que 24,5% del total de la población de 5 a 17 años recibían menos de un cuarto de salario mínimo, los que ganaban entre un cuarto y medio salario mínimo representan 10,1% del total y los que ganaban entre medio y un salario mínimo constituían el 10,8%.

Rango ocupacional del niño trabajador. Con respecto a la posición ocupacional de los niños, niñas y adolescentes de 5 a 17 años que trabajaban, se observó que 49,5% eran trabajadores familiares sin remuneración, seguido por trabajadores independientes (28,4%), empleados particulares (18,5%) y empleados domésticos (3,1%).

Trabajadores por rama de actividad económica. En cuanto a las ramas de actividad económica en la cual trabajaban los niños, niñas y adolescentes de 5 a 17 años,

  • Agricultura fue la rama de actividad económica que registro la mayor participación con 37,3%,
  • Comercio (30,5%) se ubica en el segundo lugar, donde la cabecera participó con 49,5% mientras que en el resto fue 10,2%.
  • La industria fue la tercera rama de actividad con la mayor participación de niños, niñas y adolescentes ocupados (13,6%); en esta rama la participación de la cabecera y resto fue 15,1% y 12,1%, respectivamente.

Por sexo se observó que

  • 47,8% de los hombres se dedicaban a la agricultura, frente a 14,6% de las mujeres.
  • En el comercio las niñas tenían una mayor participación con 44,0%, mientras que los niños participaban con 24,3%.
  • En servicios e industria la mayor participación correspondió a las mujeres con 16,6% y 18,4%, mientras que lo reportado para hombres en este mismo orden fue 3,8% y 11,4%.

Tiempo semanal laborado. La cantidad de horas trabajadas por los niños, niñas y adolescentes de 5 a 17 años muestra la intensidad laboral a la cual éstos se ven expuestos; sin embargo, esto no permite determinar los riesgos que enfrentan al no tener en cuenta el tipo de actividad que realizan, debido a que algunas de estas pueden ser consideradas peligrosas así sean efectuadas con una baja intensidad horaria.

En 2009, de los niños, niñas y adolescentes de 5 a 17 años que trabajaban tenían una intensidad horaria

  • Menor a 15 horas semanales, el 41,3%
  • Entre 15 y 34 horas a la semana el 29,7%.
  • Entre 35 y 48 horas el 18,1%
  • Más de 48 horas fue de 11,0%

LA PARTICIPACIÓN EN OFICIOS DEL HOGAR

El boletín que sirve de fuente afirma que “el análisis de la participación de los niños, niñas y adolescentes en los oficios del hogar es necesario en la medida que este tipo de actividades pueden afectar el bienestar de esta población si está constituido por actividades peligrosas o si es realizado con una intensidad horaria alta. Además, como se mencionó anteriormente, el análisis de las actividades no económicas traen otra dimensión con respecto a las diferencias de sexo en la participación de los niños, niñas y adolescentes en las actividades económicas y no económicas, en cuanto a que la participación de las mujeres en la realización de los oficios del hogar es mayor que la de los hombres” En 2009, 60,3% de los niños, niñas y adolescentes realizaban oficios del hogar; este resultado es superior en 2,6 puntos porcentuales con respecto a lo registrado en 2007.

Ocupación en Oficios del hogar superior o igual a 15 horas semanales. “Al considerar la magnitud de los niños, niñas y adolescentes de 5 a 17 años que realizan oficios del hogar se debe tener en cuenta que está afectada por la estructura de la población, los patrones culturales que rigen la formas de convivencia, los hábitos tradicionales por los que las mujeres tienden a concentrar estas tareas y delegarlas a las personas más jóvenes del hogar”  expresa el Boletín.

El 11,6% de los niños, niñas y adolescentes de 5 a 17 años realizaban oficios del hogar 15 horas o más. Por sexo, se observó una diferencia de 12,4 puntos porcentuales en contra de las mujeres, para las cuales la participación fue 17,4% en la realización de los oficios del hogar 15 horas o más a la semana, mientras que para los hombres, esta participación fue 5,0%.

Por grupos de edad, la intensidad en la realización de oficios del hogar por 15 horas o más se va incrementando a medida que se aumenta la edad de los niños, niñas y adolescentes. El 1,7% de los niños y niñas de 5 a 9 años realizaban oficios del hogar 15 horas o más a la semana, mientras que el grupo de edad de 15 a 17 años participaba con 23,3%.

Por áreas, la participación de los niños, niñas y adolescentes de 5 a 17 años en la realización de oficios del hogar por 15 horas o más no presentó diferencias significativas, teniendo en el resto una participación de 12,8% y en la cabecera de 11,1%.

El tipo de oficio del hogar. En cuanto al tipo de oficio que realizan los niños, niñas y adolescentes se observó que la actividad más común en 2009 fue

  • limpiar y mantener el hogar, 88,2%,
  • hacer mandados y/o ir al mercado, 84,4%;
  • lavar  el 34,7%,
  • cocinar 27,4%
  • cuidar niños pequeños o personas enfermas, 16,8%;
  • atender la huerta casera el 12,8%
  •  planchar, el 8,1%

El Trabajo Infantil en algunas ciudades colombianas. En 2009, las ciudades donde tenía más incidencia el trabajo infantil eran Montería (12,9%), Bucaramanga (12,1%), Ibagué (10,9%), Villavicencio (8,8%) y Cali (8,3%). Por el contrario, las ciudades con la menor incidencia del trabajo infantil fueron Cartagena (0,9%), Bogotá (2,8%), Manizales (3,3%) y Barranquilla (3,3%).

Durante el transcurso del siglo XX, se ha ido tomando mayor conciencia de la vulnerabilidad de los niños y las niñas. En 1989, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprueba el texto de la Convención sobre los Derechos del Niño constituyendo un hito histórico fundamental en la defensa de los derechos de los niños y las niñas. Se toma conciencia de que el trabajo infantil rompe con el concepto de infancia como período que permite un desarrollo personal, una formación educativa y una integración positiva a la sociedad.

La reflexión que concitan las cifras anteriores, se profundiza si se atiende a que 246 millones de niños y adolescentes entre 5 y 17 años trabajan en el mundo. 180 millones de ellos lo hacen en las peores formas. El mayor porcentaje de población infantil (5 a 14 años) trabajadora se encuentra en África Subsahariana (29%), luego Asia y el Pacífico (19%), América Latina y el Caribe (16%) y Oriente Medio y África del Norte (15%).

De allí que el 1° de junio de 1999 la Conferencia General de la OIT adoptó el Convenio N° 182, donde quedaron determinadas las peores formas de trabajo infantil. Nuestro país aprobó dicho convenio mediante la Ley N° 25.255, promulgada por el Decreto N° 609/00. La ratificación sin reservas, entró en vigor el 6 de febrero de 2002. Este Convenio considera como peores formas de trabajo infantil a:

a) Todas las formas de esclavitud o las prácticas análogas a la esclavitud, como la venta y el tráfico de niños, la servidumbre por deudas y la condición de siervo, y el trabajo forzoso u obligatorio de niños para utilizarlos en conflictos armados.

b) La utilización, el reclutamiento o la oferta de niños para la prostitución, la producción de pornografía o actuaciones pornográficas.

c) La utilización, el reclutamiento o la oferta de niños para la realización de actividades ilícitas, en particular la producción y el tráfico de estupefacientes.

d) El trabajo que, por su naturaleza o por las condiciones en que se lleva a cabo, dañe la salud, la seguridad o la moralidad de los niños.

Las formas de trabajo mencionadas en los primeros tres incisos se catalogan  como figuras delictivas, por tanto se encuentran prohibidas. Sin embargo, el inciso d) considera como peores formas de trabajo infantil, al que por su naturaleza o por las condiciones en que se lleva a cabo daña la salud, la seguridad o la moralidad de los niños y niñas. Resulta difícil detectar un trabajo realizado por un niño o niña que no implique algunos de los estados mencionados, por lo que debemos entender que todas las formas de trabajo infantil constituyen una “peor forma”.

La erradicación de la explotación infantil no debe ser la mera lucha por la ga­rantía de los derechos de los niños, niñas y adolescentes, sino la lucha por el derecho a una vida digna dentro de una sociedad justa y equitativa.

El trabajo infantil no es más que una expresión de la descomposición social, política y eco­nómica y será erradicada  cuando desaparezca la descomposición social que hoy toleramos y que hemos ayudado a entronizar, mediante prácticas socioculturales injustas, oportunistas, egoístas, corruptas y mafiosas, que han fortalecido a las castas dominantes que hoy usufructúan el poder económico y político.

 


[1] OCHOA, Jorge. Hacia una pedagogía del conocimiento. Mc Graw Hill. Bogotá. 1983. Pág. 5.

[2] ALZATE Piedrahita, María Victoria. “Concepciones e imágenes de la infancia” En Revista de Ciencias Humanas. N° 28. UTP: Pereira 2001. pp 125-133.

[3] MUÑOZ, Yolima, Pachón, Xiomara. La aventura infantil a mediados de siglo. Bogotá. Planeta. 1991. P.374.

[4] Ibíd. p. 330

[5] CASAS, F. Infancia: perspectivas psicosociales. Barcelona. Paidós. 1998 y. STEINBERG, S; Kincheloe Cultura infantil y multinacionales. La construcción de la identidad en la infancia. Ediciones Morata. Madrid. 2000.

[6] POSTMAN, Neil.  Las desapariciones de la infancia. Circulo de lectores. Barcelona. 1988.

Acerca de Ciro A. García I. (maestro ciro)

DOCENTE ESPECIALISTA EN PEDAGOGÍA. LARGA EXPERIENCIA DOCENTE Y ADMINISTRATIVA. CONVENCIDO QUE LA EDUCACION APORTA AL DESARROLLO HUMANO PARA ROMPER LAS BARRERAS DE LA INEQUIDAD Y LA EXCLUSION

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