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OPINION

¡POLITIQUEROS, A OTRO CON ESE HUESO!


En este momento de ilusiones y promesas electorales, donde la politiquería ahoga y desdibuja a la verdadera política, es época propicia para que la gente del común reflexione antes de tomar cualquier decisión frente a su derecho a participar en las elecciones regionales que se avecinan.  Los gamonales politiqueros, las empresas familiares  de electoreros, los recaudadores de votos, mal llamados líderes cívicos o populares, andan maquinando estratagemas, que no estrategias,  para seguir timando al pueblo.

Así que los politiqueros andan de urgencias, ya se ve movimiento en sus sedes, ya se parquean los vehículos de los áulicos y lavaperros de poca monta, que con poses estudiadas fungen de personas respetables y poderosas. Entre abrazos hipócritas, aires de falsa importancia, falso señorío   y verborrea infame, las propuestas que muestren soluciones a los muchos problemas regionales, no se avizoran en el panorama. Parece ser que los candidatos a los cargos públicos no tienen respuestas, no conocen los problemas o no les interesan las necesidades de la región. Es natural que esto sea así, pues lanzar propuestas y soluciones solo es posible a quienes, en verdad, tienen sentido de servicio social, saben escuchar y entender a las gentes, comprenden sus necesidades y prometen soluciones consultadas, consensuadas y realistas, ¡ah!  además cuentan con inteligencia clara e integridad moral.  Lo demás es demagogia y politiquería. 

En el fondo esto es la manifestación de la falta de liderazgo, de la ausencia de líderes, de la incapacidad de generar, lograr y administrar  consensos, de que la sociedad colombiana ha sido incapaz de marcar los límites dentro de los cuales la competencia política puede fluir en forma transparente, atendiendo a las expectativas de las gentes.

En principio la política es el proceso a través del cual una sociedad crea una capacidad de actuar sobre sí misma, ella supone que a través de una discusión argumentada se avizore un interés general, un diagnóstico de los problemas colectivos y una propuesta sensata de cómo superar esos problemas. Igualmente implica el establecimiento de una red de organismos que puedan ir resolviendo los problemas. Finalmente la política lleva a la organización de voluntades colectivas y de actores políticos que verdaderamente representan la diversidad  social. Organizaciones políticas en las cuales los individuos se inscriben, en función de procurarse el bienestar personal, poniéndose  al servicio del  interés colectivo. 

Así que puede llamarse politiquería aquello que corresponde al dominio de los intereses particulares,  intereses que no pertenecen a una estrategia capaz de transcender y superar la vana figuración y el deseo de ocupar un cargo para detentar el poder,  así la incapacidad del candidato sea reconocida, como siempre acontece. El poder y la figuración son anhelos humanos demasiados evidentes como para pretender ignorarlos o para que puedan pasar desapercibidos. No obstante, estos anhelos pueden encontrar en la política, ¡en la verdadera política!  su campo de realización si se ponen al servicio de la ciudadanía. Pero cuando esos anhelos se desbocan, surgen las ambiciones personales desmesuradas y con ellas la politiquería. La ambición personal y la del grupo se convierten en las causas efectivas del quehacer político. Entonces la politiquería destruye la política.

Aunque pueda tomarlos como excusa, la politiquería nada tiene que ver con los intereses generales de la sociedad.   El fin de la politiquería es la GANANCIA PERSONAL POR VIA DE PRODUCIR UNA APARIENCIA DE RESPETABILIDAD,  tras la cual se esconden pasiones descontroladas, la voracidad por el dinero y el poder.  La envidia, el rencor y los celos  son los verdaderos móviles de la politiquería, de ella nacen la intriga, la traición, el discurso vacío, la palabra falsa, la promesa incumplida, la falta de claridad en el discurso, y por este camino se llega al desgobierno.

Y detrás de todo este enredo construido por una caterva de rapaces, ambiciosos y egocéntricos, queda el pueblo colombiano, como siempre, al garete de su incierta suerte. Todo esto ocurre porque no hay objetivos nacionales, porque no hay estrategias integrales, porque no hay liderazgo regional, ni proyectos sólidos para desempantanar el atraso que impera en las cinco regiones colombianas y porque los gamonales hacen su agosto en todo el territorio nacional, gracias a la indulgencia bobalicona, la complacencia estúpida, la tolerancia rayana en el cinismo y la complicidad pasiva  del mismo pueblo colombiano.

Por eso no se debe señalar a alguien como  culpable  de los males nacionales, regionales o municipales. Todos somos responsables de lo que aún sigue sucediendo, porque a lo largo de la historia colombiana, hemos convivido con los corruptos que se roban los presupuestos, hemos cohonestado a  los politiqueros que viven de la rapiña,  la connivencia con ellos nos ha convertido en  idiotas útiles  que han sostenido sus empresas electoreras, hemos fortalecido a sus familias que siempre han detentado el poder, los hemos puesto en la curul para que vayan a dormir y a cobrar su  suculento sueldo, pelechar contratos y prebendas, los hemos puesto en gobernaciones y alcaldías para que, con sus secuaces, despilfarren y roben los dineros públicos.  Hemos desoído a los que han intentado sembrar valores, a los que han pretendido rescatar la dignidad del pueblo y han tenido el valor y el coraje de señalar prácticas deshonestas, a esos los hemos dejado solos camino al cadalso y al ostracismo público.

Es hora de revaluar este sendero, de replantear la razón de nuestras decisiones, de establecer cuales son nuestros objetivos nacionales, regionales, municipales y comunitarios, incluso personales,  de exigir mejor salud, más y mejor empleo, educación de calidad y servicios justos a precios justos, techo y comida digna para millones de colombianos que viven como indigentes, rechazo a la politiquería y al continuismo de las familias oligarcas que se adueñaron del país.  Para eso se necesita fortalecer la democracia, a partir de una educación amplia y objetiva, de la  participación ciudadana y de decirle ¡NO! a quienes pretenden robarle al pueblo su herencia a cambio de un plato de lentejas.

Si se sigue permitiendo lo que aquí sucede,  la politiquería al socavar los cimientos de la política, no hará más que destruir el único escenario donde las gentes pueden reclamar y ejercer sus derechos, por el viejo camino de los politiqueros se llegará a una mayor descomposición moral del tejido social. Solo el oprobio, la infamia, la esclavitud moral y económica  lo que nos espera. Qué buen ejemplo dan el pueblo español y el pueblo chileno, “los indignados” luchan por mejorar sus condiciones existenciales y los otros, los estudiantes chilenos, por una educación al alcance de todos y para todos.

En una región sin líderes y sin liderazgo, donde la complicidad y la manguala están a la orden día, el triunfo de la politiquería es triunfo de la mentalidad ventajista de unos pocos individuos, sobre la cordura colectiva de la sociedad.

Acerca de Ciro A. García I. (maestro ciro)

DOCENTE ESPECIALISTA EN PEDAGOGÍA. LARGA EXPERIENCIA DOCENTE Y ADMINISTRATIVA. CONVENCIDO QUE LA EDUCACION APORTA AL DESARROLLO HUMANO PARA ROMPER LAS BARRERAS DE LA INEQUIDAD Y LA EXCLUSION

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