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OPINION

LA CORRUPCION SOCIAL, CRISIS DE VALORES


El concepto de corrupción se toma de manera restringida y se le limita a las relaciones del estado y los ciudadanos, sin embargo la realidad impone extender la mirada más allá de esta idea común.
Se reconoce en primer lugar que existe una fuerte y profunda corrupción en la contratación estatal. Las escandalosas cifras que se mueven entre las élites que detentan el poder y los grandes sobornos que compran voluntades, no pueden pasar desapercibidos. Se espera que los entes de control, aunque politizados como están, al menos traten de satisfacer el clamor ciudadano de castigar a los culpables, sean cuales fueren sus apellidos y el alcance de su brazo político.
Pero se debe reconocer, por igual, otras manifestaciones de la corrupción, el nepotismo que ha convertido las curules en tronos familiares llevando a los cuerpos colegiados a las esposas, hermanos, hijos y parientes de los gamonales regionales. Seudopersonajes que al llegar a los espacios de representación ciudadana, se llenan de soberbia, se consideran intocables pero de ejecutorias a favor del pueblo, nada, su voz es nula, como nula es su capacidad propositiva ante los problemas sociales que reclaman soluciones.
El trafico de influencias, para lograr privilegios en todo nivel. Un plumazo basta, para que desde las altas esferas del gobierno, se logre favorecer el bolsillo de la oligarquía financiera, a costas de la economía popular. Los privilegios en cargos diplomáticos, a políticos y a sus familiares, han convertido el espacio de la diplomacia en refugio de personajes que buscan eludir el peso de la ley.
La lista es larga de los delitos contra la administración pública, pero el colombiano, si bien reconoce y hasta repudia estas aberraciones públicas, se ha vuelto insensible a otras manifestaciones de la corrupción, que por su poco tamaño, siempre pasan desapercibidas.
Porque también es corrupto el empleado que roba tiempo en su trabajo, cuando llega tarde o se escapa de la oficina. El que se guarda la información, entorpece los trámites o los complica, buscando la propina. El policía que voltea la cara ante el delito y elude su obligación de velar por la seguridad ciudadana. O el otro que agrava la situación del ciudadano ingenuo para sacarle dinero, o de lo contrario le chantajea, con llevarlo detenido. El docente mediocre, que enseña errores que se vuelven irreparables, también constriñe el desarrollo de las gentes. El que elude la clase alegando enfermedad o hace perder la asignatura por perseguir al estudiante contestatario. El conductor que se Vuela un semáforo, alegando prisa y urgencia, en sus diligencias personales. Quien deja el vehículo parqueado en la acera, robándole el espacio al peatón. El tendero que adultera el peso, el precio o la cantidad de los productos que expende. El taxista que altera el taxímetro o cobra más de lo debido al ver la necesidad del que busca su servicio. El pastor y el cura, que amenazan con el infierno y la ruina a sus feligreses, cuando olvidan pagar el diezmo. El periodista que calla, ante la corrupción pública y las malas prácticas políticas, porque en sus espacios difunden publicidad pagada por los involucrados. O el otro que denuncia algún hecho corrupto, buscando la paga de su silencio y cuando la consigue, se calla y tapa el delito.
Lista de prácticas corruptas cotidianas, que también se hace larga, pero que pasa desapercibida por que la ética y la moral ya ni se enseña y menos se practica.
El individualismo con todas sus secuelas se ha apoderado del espíritu de las gentes y con él la falta de justicia, equidad, respeto por los semejantes. Cuando el grueso de las gentes, no tiene la capacidad de reflexionar sobre las propias actuaciones para juzgarlas frente aun código de ética, la moral social desaparece y entre todos se ayuda a acrecentar la corrupción.
Existe consenso en que se vive una crisis moral, en todos los ámbitos se escuchan las críticas por el comportamiento de las nuevas generaciones, pero siendo la familia la primera experiencia socializadora, es allí donde se forman los valores. Los padres son los primeros modelos axiológicos y de ellos depende formar una persona capaz de actuar en sociedad en forma coherente, integra y moralmente bien.
La escuela también tiene su responsabilidad, pero ella fortalece lo conceptual sobre lo comportamental, los valores son una cátedra pero no una forma de vida. El llamado currículo oculto, que manifiesta las prácticas sociales de la escuela, no es tomado en cuenta porque se carece de compromiso y de autoridad moral para corregir conductas no deseadas.
Al interior de las escuelas se reproducen las prácticas antisociales de la comunidad, pero los docentes se declaran impotentes para actuar, por miedo a las secuelas legales que surgen del famoso artículo constitucional que defiende el derecho al libre ejercicio de la personalidad. Pero todos olvidan su final, que ese libre ejercicio es solo posible “hasta donde lo permitan los derechos de los demás.” Es una verdad inmensa, que los estudiantes que muestran actitudes convivenciales no aceptadas, solo reflejan la formación y las conductas familiares.
Se requiere de manera urgente que en la familia y en la escuela se proporcionen modelos morales a imitar, que se tengan espacios que brinden oportunidades para el ejercicio de los valores, que se provean herramientas para actuar bajo criterios éticos y morales.
La experiencia enseña que solo cuando a los jóvenes se les ponen límites, claros y definidos, para sus actuaciones, ellos crecen moralmente sanos, ganan en autoestima y desarrollan todo su potencial. Pero ¡ay del que ose poner limites¡ se le tilda, por lo menos, de maltratador y conculcador de derechos. Se confunden el amor con la lástima y la corrección con el castigo.
El desgreño moral que hoy se vive, producto de una moral farisea, exige coherencia entre lo que se piensa y se dice y entre lo que se dice y se hace. Toda actuación moralmente buena cuando se hace pública, no sufre menoscabo.
Si bien esta generalización, como toda generalización es injusta, cabe recordar que ¡Quien este libre de pecado, que tiene la primera piedra¡ como lo expresó el Gran Olvidado de nuestra sociedad.

Acerca de Ciro A. García I. (maestro ciro)

DOCENTE ESPECIALISTA EN PEDAGOGÍA. LARGA EXPERIENCIA DOCENTE Y ADMINISTRATIVA. CONVENCIDO QUE LA EDUCACION APORTA AL DESARROLLO HUMANO PARA ROMPER LAS BARRERAS DE LA INEQUIDAD Y LA EXCLUSION

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