//
you're reading...
Sin categoría

LA PREVALENCIA DE PESTALOZZI EN EL ENTORNO EDUCATIVO.



JHOAN HEINRICH PESTALOZZI (1746-1827) Abnegado maestro suizo, discípulo de Rousseau, ha inspirado numerosas disertaciones y posturas pedagógicas. Su nombre debe estar ligado, como un homenaje y reconocimiento, a la lucha por educar a las clases sociales menos favorecidas, en favor de su libertad y de su autonomía, a partir de ,lo que es y de lo que aspira a ser.

El nombre de Pestalozzi se cita muy a menudo, pero pocos lo leen y menos son los que le conocen, pues se conoce muy mal, tanto su obra como su pensamiento. Pestalozzi es algo más que la imagen serena del “padre de los pobres”, Pestalozzi fue un pensador y ante todo un apasionado hombre de acción.

Hombre controvertido y generador de controversias, se le reconoce como el padre de la pedagogía moderna, inspiró directamente a Fröbel y Herbart, y su nombre está vinculado con todos los movimientos de reforma de la educación del siglo XIX . A pesar de los indudables progresos que la pedagogía ha tenido en el último siglo, las ideas que fundamentan la teoría heredada de Pestalozzi, son actuales y su figura será siempre una presencia importante en el panorama de la pedagogía.

Afirmar que “la vida es la que educa y por consiguiente, el educador deberá tratar de encontrar en su alrededor los temas de sus lecciones”, es una verdad que no tiene tiempo. Como esta frase suya, la figura de Pestalozzi ha trascendido la historia, si bien es cierto que su obra escrita no es de fácil acceso, por abundante, inacabada y escrita en todos los estilos y registros, sus aportes constituyen un desafío permanente al espíritu indagador .

EL ESCRITOR Y SU OBRA. La primera obra fue La velada de un solitario que terminó hacia 1779. Se trata de una serie de reflexiones sobre la moral, la religión y la educación. Fue Leonardo y Gertrudis (3ª obra) la que haría célebre a Pestalozzi. La idea del libro era contar historias edificantes, concebidas para el pueblo; fue un éxito indiscutible: todo el mundo hablaba de él y la Sociedad económica de Berna le otorgó una recompensa de treinta ducados y una medalla de oro con valor de otros veinte.
Mientras tanto Pestalozzi había comenzado una nueva obra: Cristóbal y Elsa, en la que revela la fidelidad a sus principios: no había más educación verdadera que la familiar, mediante el ejemplo y el trabajo en común, la educación debía ocuparse, a la vez, de la mente, del corazón y de los dedos. Esta obra tenía un carácter excesivamente didáctico, razón por la cual no fue apreciada ni obtuvo los beneficios que de ella esperaba, así que su publicación y sus ganancias se redujeron a cero.

LA PROPUESTA PEDAGOGICA PESTALOCIANA. Si se tuviera que explicar a los que practican la pedagogía en qué consistía “el método aplicado en los institutos de Pestalozzi, se podría entender de qué manera se articulan, en el meollo del proceso, tres elementos: el corazón, la cabeza y la mano (Herz, Kopf, Hand). No se trata de tres “partes” del hombre, ni siquiera de tres “facultades”, sino de tres puntos de vista sobre una misma y única humanidad en acción de autonomía” .

Para Pestalozzi, la cabeza representa el poder que tiene el hombre, gracias a la reflexión, de separarse y tomar distancia del mundo y de sus impresiones confusas, y de elaborar conceptos e ideas. Pero como individuo situado, el hombre sigue estando completamente sumergido en un mundo que, a través de la experiencia, no cesa de requerir su sensibilidad y lo vincula con sus semejantes en la lucha emprendida para dominar la naturaleza por medio del trabajo: esa es la dimensión del corazón. El hombre, provocado de este modo por lo que es y requerido por lo que debe ser, no tiene otra solución en ese conflicto, siempre abierto y plenamente asumido, que hacer una obra consigo mismo: esa es la dimensión de la mano.

Estos tres elementos concurren así en la producción de la fuerza autónoma en cada uno de los interesados: la parte racional garantiza la universalidad de la naturaleza humana, la parte sensible garantiza su particularidad esencial, mientras que la contradicción entre ambas, libera a su vez el poder esencialmente humano de llevar a cabo una acción que permite constituir la personalidad autónoma. Cabe señalar también que este proceso se desarrolla integralmente dentro del marco de la sociedad, en la medida en que ésta modela la razón humana y es objeto de la insatisfacción esencial de los interesados. Es la interacción del hombre con su entorno, el entorno modela al hombre al tiempo que es modelado por el mismo hombre.

El maestro, y mucho antes el padre y la madre, si actúan como educadores, ocupan una posición especial en el punto de encuentro, entre el deseo sensible (el querer ser) y la razón social (el deber ser) en el niño. En ese periodo decisivo, tienen el poder de estimular el desarrollo de la fuerza autónoma o de obstaculizarlo tal vez para toda la vida. Tal es la inmensa responsabilidad moral del pedagogo. Antecede esta idea pestalociana a la idea de la psicología actual, que resalta la importancia de la educación y el amor en los años iniciales de la vida del niño, y aún, desde el vientre de la madre si creemos en el efecto Mozart.

Continúa el autor citado, “para que esta responsabilidad pueda ejercerse será esencial que el pedagogo, cualesquiera que sean la materia y el tiempo de su acción, sea cual sea la materia didáctica de que se ocupe, sepa mantener el equilibrio entre los tres componentes del método. Lo que significa que dentro de la institución escolar no basta con distribuir armoniosamente las diferentes disciplinas entre el polo intelectual, el polo sensible (artístico) y el polo técnico; cada docente deberá esforzarse por aplicar, en cada una de las etapas pedagógicas, los tres elementos en torno de los cuales se articula el desarrollo de la fuerza autónoma: el profesor de educación física prestará atención al dominio intelectual de los ejercicios al mismo tiempo que a su repercusión sensible en el niño, mientras que el profesor de matemáticas tratará de no perder de vista el arraigo de su materia en la existencia concreta de los niños y su aplicación autónoma en un momento del proceso pedagógico… Pestalozzi no cesa de repetir que se trata de un equilibrio que nunca se adquiere definitivamente y que puede romperse en cualquier momento para alimentar una de las tres “bestialidades” la cabeza, el corazón o la mano”.

Así que desde el siglo XIX Pestalozzi envía el mensaje. Los aprendizajes se relacionan con el saber, el saber hacer y el saber ser, es decir, se relacionan no solo con lo declarativo, sino también con lo procedimental y lo actitudinal, como lo propone Díaz Barriga pero va más allá, cuando afirma que “Este análisis no sólo es válido para las adquisiciones escolares del “saber”, del “saber hacer” y del “saber sentir”, sino también y sobre todo para la marcha de la institución que, entre la cálida célula familiar y el monstruo frío del Estado, tiene como misión instituir la libertad autónoma de manera viva, reflexiva y práctica”

Afirma Soëtard, interpretando el legado pestalociano: “En efecto, si la educación debe conformarse con realizar un tipo humano definido fuera de sí misma, la educación sólo puede tener un significado accesorio. Pestalozzi se niega a que funcione como un mero instrumento de modelado al servicio de un mundo dado, impuesto desde afuera, ya sea real o ideal: habrá de ser una forma de acción que permite a cada uno hacerse a sí mismo, partiendo de lo que es y en el sentido de lo que quiere ser, “una obra de sí mismo”. Posición que se asemeja a los postulados del Desarrollo Humano, bajo los postulados de Max Neef, que concibe el desarrollo humano como un proceso conducente a la ampliación de las opciones de la gente que se genera a partir de la expansión de las capacidades humanas y su funcionamiento, esto es, a partir de lo que la gente hace y puede hacer por y con su vida
“La educación cobra así su sentido en el proyecto de propiciar autonomía. Pestalozzi hace hincapié en que el contenido profundo de esta palabra, no se agota en un nuevo concepto humanista en cuyo nombre se continuaría, en la práctica, escarneciendo la dignidad humana. Para el autor de las “Investigaciones sobre el curso de la naturaleza en el desarrollo del género humano” (1797), la autonomía sólo es real en la medida en que no cesa de hacerse por cuenta y en manos de los interesados. Esa tarea, la escuela sólo la cumplirá realmente si acepta hacer una labor de pedagogía” .
“Esta palabra, pedagogía, cobra ya su pleno sentido en los escritos de Pestalozzi. Se tratará, en efecto, de aplicar una práctica específica que no se conforme con transmitir a las jóvenes generaciones las experiencias de la civilización sino que se organice de tal manera que los interesados puedan construir su libertad autónoma. Ni simple prolongación del orden familiar, ni simple lugar de reproducción del orden social, la escuela deberá manifestar su orden propio a través de la obra pedagógica: tal será todo el sentido del Método”
Se encuentra aquí una nueva congruencia, de las ideas pestalocianas con el concepto de Desarrollo humano ya expuesto, la educación que la sociedad exige, debe ser capaz debe dotar al individuo de herramientas que le permitan manejar información de manera crítica y reflexiva, trabajar en equipo, promover el cambio de mentalidad y el desarrollo humano potenciado, productivo, sostenible y equitativo, sin olvidar el logro de actitudes y valores para guiar y estructurar su ética personal y social.
Entonces no basta acumular en un momento de la vida un gran bagaje de conocimiento al que se puede recurrir después sin límites. Se debe estar en condiciones de aprovechar y utilizar, durante toda la vida, cada oportunidad que se presenta para actualizar, profundizar y enriquecer ese primer saber y de adaptarse a un mundo en permanente cambio . La misión de la educación debe ser tallar un hombre de acciones y pensamientos nuevos en un mundo en permanente cambio.
En respuesta a estas exigencias de desempeño, surge la necesidad de un aprendizaje permanente, un aprender a aprender desde la capacidad y el deseo de conocer el modo y la forma para aprender por si mismo reconociendo las propias limitaciones y posibilidades. Se requieren “procedimientos flexibles, adaptativos y circunstanciales” , es decir, el uso pertinente de estrategias con el doble propósito de alcanzar el desarrollo personal y la construcción del conocimiento.
El desarrollo personal, siendo cambio y transformación, se inicia con el conocimiento de si mismo, se fortalece en la existencia de la diversidad en las formas de conocer, ser, hacer y estar de nuestros semejantes y se dinamiza en la búsqueda incesante de la integralidad, convergencia intelectual y moral entre lo propio y lo ajeno, y se concreta como autonomía.
La construcción del conocimiento, siendo aprendizaje, interacciona con el desarrollo personal para construir, manifestar, potenciar y desarrollar por si mismo la habilidad para pensar, para ejercitar la habilidad de ser y estar con otros, para motivarse desde sí mismo y desde afuera en forma autorregulada, para utilizar y procesar la información de manera
“Pestalozzi comprendió que el método y todos sus componentes no debían ser más que instrumentos en las manos del pedagogo, a fin de que éste produjese “algo” que no se encuentra en el método y que resulta ser de una naturaleza totalmente diferente de la de su proceso mecánico: la libertad autónoma”
Continúa el autor arriba citado “El método es un instrumento sin lugar a dudas necesario. Importa observar la naturaleza infantil, extraer las leyes propias de su desarrollo, crear un medio favorable para ese desarrollo, tomar en cuenta explícitamente la dimensión social de la relación educativa, dar eficacia a la capacidad de acción del niño… aspectos todos que Makarenko, Montessori, Freinet, Piaget , continuarán elaborando y perfeccionando técnicamente. Se trata de escrutar infatigablemente el mecanismo de la naturaleza humana en sus diferentes manifestaciones: sin este conocimiento, es imposible ejercer poder alguno sobre esa naturaleza.”
Y termina afirmando “Pero sería un error considerar que el conocimiento es en sí mismo liberador porque como medio es necesario pero no suficiente. El método, con todo su contenido de conocimientos positivos sobre el niño, pude contribuir en igual medida a sojuzgarlo que a liberarlo. Para que el movimiento se oriente en la segunda dirección, es menester desarrollar una acción específica que movilice los instrumentos del método de manera tal que sean efectivamente generadores de libertad autónoma. Ahí comienza en realidad el trabajo pedagógico; y es ahí donde interviene, más allá de la letra, el espíritu del método, un espíritu que utiliza las técnicas solamente para que produzcan lo opuesto de un resultado técnico: “Examinado todo -dirá Pestalozzi en 1826-, retened lo que esté bien, y si en vosotros mismos ha madurado algo mejor, añadidlo con verdad y amor a lo que trato de daros con verdad y amor en estas páginas
Pestalozzi añade que hay un límite más allá del cual el proceso metodológico debe invertirse completamente para dejar la iniciativa a la libertad autónoma:
“Quienquiera que se apropie del método, sea un niño, un joven, un hombre o una mujer, llegará siempre en sus ejercicios a un punto que solicitará particularmente su individualidad: al captarlo y desarrollarlo, esa persona desplegará sin duda alguna en sí misma fuerzas y medios que le permitirán superar en gran medida la necesidad de ayuda y apoyo en su formación que en esta etapa sigue siendo indispensable para otros, y se hallará en una situación que, de manera segura y autónoma, le permitirá recorrer y llegar término del camino restante de su formación. De no ser así, mi casa no se mantendría en pie, mi empresa había fracasado.”
Se nota que, más que aferrarse a un método, o de tratar de imponer concepciones personales al estudiante sobre cómo aprender, con recetas o técnicas de estudio preestablecidas, Pestalozzi aboga por un docente capaz de propiciar la construcción de la autonomía personal, enseñando estrategias que le permitan manejar la construcción del conocimiento, atendiendo a su estilo de aprendizaje, reconociendo que el estudiante también tiene metas, propósitos e intenciones frente al proceso de aprendizaje y ante todo, que el docente debe gradualmente ir delegando en el estudiante la responsabilidad del proceso pedagógico, quien en últimas, es el responsable de todo el proceso. Sin olvidar jamás que ante una misma situación de aprendizaje, dos estudiantes no aprenden lo mismo, ni de la misma manera ni en el mismo tiempo, como señala la escuela constructivista. Cuando el docente logre esto, en la práctica y no en la mera teoría, entonces habrá logrado “ese algo” que soñaba Pestalozzi.
Continuando con su vida llena de altibajos, pensó Pestalozzi en editar un periódico que le permitiera obtener ingresos regulares y se lanzó solo a la empresa. En aquel periódico semanal Pestalozzi proponía cuentos y ensayos, hablaba de moral, de política, de derecho, de educación, explicaba cómo estaba educando a su hijo que entonces tenía 12 años de edad. Por falta de dinero, después de un año, suspendió la publicación y en 1783 aparecieron dos nuevos escritos y luego un tercer volumen de Leonardo y Gertrudis, con un tono distinto, obra en la que propone reformar la escuela y la iglesia. Y en el cuarto y último tomo propone una nueva legislación capaz de transformar profundamente la sociedad, establecer entre los hombres nuevas relaciones de justicia y amor, y dar a todos la dicha y la paz. Pestalozzi defendió con estos escritos, a los oprimidos, apoyando con sus escritos la causa del pueblo.
En Cómo educa Gertrudis a sus hijos se expone el “método” de Pestalozzi. Y de esta obra es posible resaltar que Pestalozzi jamás perdió el amor que sentía por sus hermanos ni su fe en la humanidad, a pesar de su infortunio personal. Como tampoco su dedicación a la causa de los más desheredados, su deseo de regeneración personal y social. Tanto las resistencias como sus fracasos, tuvieron el poder de reforzarlo en su convicción de abrir el camino hacia un mundo nuevo, más justo y más amoroso. Que en Pestalozzi concibió, efectivamente, un método Pestalozzi, o “conjunto de medios puestos en práctica racionalmente para la obtención de un resultado determinado”. El método no es más que un medio asignado a un fin que lo trasciende. “Cómo educa Gertrudis a sus hijos”, obra de apóstol y de militante, es una obra impregnada de lirismo y de pasión, orgullosamente “popular”, que dividió las opiniones y escandalizó a los burgueses, a los regentes, a los dómines y a los miembros del clero.
Posteriormente aparece el Manual de las madres y el ABC de la intuición, compuesto por enseñanza intuitiva de las relaciones de medida, y la Enseñanza intuitiva de las relaciones numéricas.
EL MAESTRO DE ESCUELA. A sus cincuenta años, decepcionado, destruidos sus sueños y con sentimientos de inutilidad, después de fracasar en varias empresas personales y estando en la ruina económica, gobernantes amigos suyos, queriendo acudir en su ayuda, le ofrecieron algún puesto importante y bien remunerado, que rechazó diciendo: “Quiero ser maestro de escuela”.
Leal a sus principios en las recomendaciones que envió, en su momento, al Consejo del Cuerpo Legislativo, propone los fundamentos de una “reforma completa y sistemática de todas las instituciones de enseñanza”, sostiene que no hay más enseñanza auténtica ni más educación verdadera que la democrática. La situación de las escuelas era deprimente, él aspiraba a mejorarla radicalmente, muy en particular las escuelas rurales que se encontraban en estado lamentable.
Dos elementos concomitantes a la situación del sistema educativo actual, el abandono de la infraestructura escolar por cuenta del estado, que cegado por las políticas de cobertura, olvidó resolver algo sencillo, dónde ubicar tanto estudiante en escuelas que llevan muchos años sin manteniendo, sin adecuación locativa y de otra parte, la presencia de un alto número de docentes, impermeables a las nuevas concepciones de la educación, continúan siendo conductistas, esto es, autoritarios, hegemónicos, dueños únicos de la verdad y del saber, que solo atinan a concebir el aula como un espacio rígido y autoritario, donde él y solo él, impone las reglas de juego y las condiciones de la interacción. Al estudiante solo le queda responder a la presión de manera encubierta y conflictiva. Es la típica resistencia pasiva que toma la forma de desinterés o rebeldía.
Siendo la enseñanza un proceso complejo, rico en relaciones e interacciones, incrustado en una sociedad cambiante, el docente debería ser el elemento sensato, racional, y flexible para adaptarse a las características de cada situación de aprendizaje, de cada momento y cada instancia de la vida del aula. Flexibilidad que no admite aprendizaje de rutinas ni fórmulas técnicas aceptadas irreflexivamente. La intensa vida del aula no admite tampoco traslados automáticos de actuaciones exitosas en otros contextos. De allí que no existan estilos docentes con validez universal, ni comportamientos invariantes exitosos. La efectividad del docente, ante una situación de aula, esta en su forma de pensar, interpretar y evaluar esa singularidad y la capacidad para tomar distancia de los acontecimientos y reflexionar sobre sus propias formas de actuación. Pero cualquier proceso de reflexión que se intente, estará impregnado por el modelo dominante.
Continuando con Pestalozzi, “Cuando fue nombrado Director del orfanato de Stanz, encontró una forma de ver realizados sus sueños de revolucionario ardiente. Ya era tiempo de triunfar. Allí aplicó su método, trabajos manuales e intelectuales se alternaban y conjugaban en el calor de un hogar recreado, en el que todo estaba impregnado de amor, hasta la severidad que en ocasiones consideraba necesaria, porque llevaba a los alumnos a la concentración, al aprendizaje y las buenas relaciones. Ahora bien, cotidiana y materialmente, la situación era confusa, la administración torpe y el desorden indudable. Pestalozzi elaboró su pedagogía casi en la intuición del momento, andaba a tientas, la hacía y volvía a empezar, siempre a la carrera y a menudo rebasado por las circunstancias” .
Cuando se creó la escuela normal de maestros en Berthoud, se pidió a Pestalozzi -para experimentar allí- un método nuevo de enseñanza de la lectura. Lo que allí hacía Pestalozzi y para decirlo con sus propias palabras, se puso a “vociferar el ABC de la mañana a la noche” tratando de simplificar lo más posible los elementos del deletreo y del cálculo, de presentarlos bajo formas adecuadas a las leyes de la psicología, y que condujeran al niño, gradualmente y sin lagunas, del primer paso al segundo, y así sucesivamente. Pestalozzi rebosaba confianza, era feliz. Después de un examen aplicado a sus alumnos, el informe de los inspectores estuvo lleno de elogios.
Reconocidos sus méritos, Pestalozzi recibió, a los cincuenta y cuatro años, el nombramiento de profesor, fue entonces cuando comenzó su carrera de “maestro de escuela”. Y fue cuando se asoció con Krusi (que tenía una escuela para la enseñanza de jóvenes pobres) cuando comenzó una nueva era: perfeccionó sus ejercicios de lenguaje y de cálculo.
Dada la excelencia del trabajo realizado, la “Sociedad de amigos de la educación” dio su apoyo total a la obra, luego de lo cual renunció a sus funciones de maestro comunal y anunció la apertura de un instituto de enseñanza, de cuya dirección se encargó. Con lo que comienza otra aventura.
Es pertinente no pasar por alto un suceso relevante frente a las convicciones y el sueño de Pestalozzi. El pedagogo es llamado a Yverdón, donde el 1 de enero de 1805 inaugura en el castillo, un establecimiento que rápidamente cobra amplitud y adquiere fama en toda Europa. Desde todas partes se acude a observar el fenómeno pedagógico y los maestros se suceden por oleadas (los prusianos, los franceses, los ingleses) a fin de iniciarse en el método Pestalozzi El pastor Niederer era allí el director y en su afán de elaborar una teoría sobre la práctica del método pestalociano, chocó con Pestalozzi, este último afirmaba que sistematizar el método conllevaría a que su logro esencial, la libertad autónoma, desaparecería, Así que la práctica implementada por Niederer para elaborar teoría se convirtió en un abuso de la libertad y la autonomía que pretendía propiciar Pestalozzi.
A extremos que los docentes “preferían pasar la mayor parte de su tiempo en seminarios discurriendo sobre la libertad, la fuerza autónoma del niño o la pedagogía cristiana, preocupándose cada vez menos de lo único que, en realidad, podía dar sentido a esas bellas ideas” los niños presentes en ese lugar y la realidad cotidiana del instituto, pequeñas cosas que alimentaban la fuerza autónoma de cada uno. Así que Pestalozzi fue testigo de que en general los maestros, y por consiguiente los niños, huían de las responsabilidades de la acción, haciendo mal uso de la libertad y de la autonomía siendo comprensible que Pestalozzi, considerase insoportable esa desviación de su propia intención y prefiriese cerrar su instituto antes que ceder en cuanto a lo esencial de su proyecto.
Repuesto de este sinsabor y con el ánimo más sereno, Pestalozzi escribe el Canto del Cisne, en donde expone lo que podría llamarse el principio pestalociano, que se formula de la manera siguiente: “el acto educativo sólo adquiere y conserva su sentido de acto educativo en la medida en que se establece una diferencia entre las leyes generales del desarrollo de la naturaleza humana en sus tres dimensiones de la cabeza, el corazón y la mano, y la manera en que dichas leyes se aplican en particular en las situaciones concretas y los azares de las circunstancias. ”
Todos conocemos que una cosa es tener unas ideas y otra cosa es llevarlas a la práctica. Lo mismo acontece con los docentes, el esfuerzo que implica aplicar una teoría al ejercicio docente, para realizar en la práctica esa teoría que tiene en la mente teniendo en cuenta los seres sensibles con que debe tratar y el complejo entramado de relaciones que suscita el aula. Ante el fracaso de las utopías del maestro, en su sueño de hacer práctica una teoría, llegamos a la conclusión de que Pestalozzi logró, sin duda alguna, resolver uno de los problemas fundamentales de la pedagogía: la mano del pedagogo sólo podrá cumplir su obra en la medida en que se mantenga a distancia -a distancia de la mano y a distancia uno del otro- el polo de la inteligencia universalizadora y el polo de la sensibilidad particularizadora, Es en ese espacio donde cada persona asume la responsabilidad de sus acciones y en razón de ser un acto de amor y de verdad consigo mismo, no elude la elaboración de nuevos medios y nuevas técnicas para que la libertad autónoma se fortalezca y propicie a su alrededor otras nuevas fuerzas autónomas.
Al romper la continuidad natural entre el enfoque teórico y el enfoque práctico de las cuestiones pedagógicas, rompe también el resorte del mecanismo que, desde hacía siglos, convertía al niño en el instrumento dócil de verificación de la legitimidad de las teorías preconcebidas. Al dejar abierta la brecha entre teoría y práctica, el autor de “El Canto del cisne” permite liberar la fuerza por medio de la cual la persona podrá hacer “una obra consigo mismo”, y al mismo tiempo sienta las bases de una investigación científica específicamente pedagógica.

Es cierto que la educación forma parte, sin duda, de las ciencias humanas, pero no es una ciencia humana como las demás: la relación dialéctica que mantiene con la práctica, precisamente en nombre del respeto por la libertad, le hace rechazar el esquema hipotético-deductivo que determina el procedimiento de las demás ciencias del hombre.

Soëtard finalmente señala que “Pestalozzi deja al pedagogo la misión de vivir y acentuar la contradicción que desarrolló ampliamente en el Canto del cisne. Sin duda hubiésemos preferido que al llegar al cabo de su reflexión, nos hubiera dejado una verdadera “teoría practicable de su práctica” que cada maestro pudiese utilizar. Su gran debilidad sigue siendo el hecho de que jamás logró separar verdaderamente su obra de si mismo, de su existencia y de sus experiencias. Pero esta flaqueza se convierte a su vez en una fuerza debido a lo que Pestalozzi jamás dejó de buscar desde el comienzo: la realización de la libertad autónoma en cada uno y en todos”.

A los que, ejerciendo la docencia, creen que la verdadera educación debe conducir a libertad y a la autonomía intelectual y moral del individuo, que la educación es amor así se caiga, por amor, en la rigidez de la exigencia y que es el estudiante quien se construye a sí mismo con la guía amorosa del docente, a esos maestros que en su tarea conjugan el “saber”, el “saber hacer”, el “saber ser” y el “saber estar” se les podrá llamar discípulos de Pestalozzi y estarán aportando al Desarrollo Humano.

Este aporte es un homenaje y un sincero agradecimiento a esa institución, que llevando el nombre de este significativo pedagogo, ha marcado un hito en la historia de la educación colombiana. Agradecimiento que extiendo a todas las personas y estamentos que la conforman y con quienes la vida tuvo a bien, permitirme ejercer mi profesión docente durante varios años.

About these ads

Acerca de maestro ciro

DOCENTE ESPECIALISTA EN PEDAGOGÍA. LARGA EXPERIENCIA DOCENTE Y ADMINISTRATIVA. CONVENCIDO QUE LA EDUCACION APORTA AL DESARROLLO HUMANO PARA ROMPER LAS BARRERAS DE LA INEQUIDAD Y LA EXCLUSION

Comentarios

Aún no hay comentarios.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 60 seguidores

%d personas les gusta esto: